A-N-S-I-E-D-A-D
Hablemos de eso

Hace muchos años, estaba viendo apartamentos con una compradora primeriza cuando me di cuenta de que la angustiaba tener que tomar una decisión tan grande, con tantas incertidumbres y contingencias.
Recuerdo que me detuve en seco y le dije: “Oye, sabes que lo que sientes ahora es totalmente normal, ¿no? Este proceso toca miedos muy profundos en la mayoría de las personas. Los primeros humanos solían morir cuando cambiaban de refugio, así que lo llevamos bien adentro. No te preocupes, ¡es totalmente normal!”
Era la primera vez que decía esas palabras, y hoy me aseguro de decirlas desde el principio, a compradores y vendedores por igual. Porque en cuanto mi compradora asimiló lo que le decía, el peso de su ansiedad se desvaneció a la vista: bajó los hombros, relajó el rostro. Desde entonces pudo tomar decisiones con calma y de forma racional, aunque todo era terreno nuevo para ella. Claro, fue mucho trabajo, lo cual, otra vez, es normal. Pero recuperó su sentido del humor y su formidable capacidad de análisis, y acotamos la búsqueda hasta un apartamento increíble con una vista enorme del puente George Washington.
Así que admítalo: está ansioso. Tendrá que revisar todas sus cosas, y casi cada objeto le traerá recuerdos (¡no todos buenos!). Todas sus pertenencias tendrán que empacarse y trasladarse. (¿Llegarán bien? ¿¿Cabrán siquiera??) Y todos queremos sentir al final que tomamos una decisión inteligente: elegimos el lugar correcto, en el edificio correcto, al precio correcto. Hay muy buenas probabilidades de que todo eso ocurra… Solo diga la palabra con “A”, para quitarle poder a la ansiedad, y siga adelante.
¡Adelante!



